martes, 15 de marzo de 2011

TODOS SOMOS FAG

Este verano entraron a robar en mi piso.  Rompieron el bombín y pasaron a llevarse lo que consideraron oportuno.  Después llegó el cerrajero del seguro y después la policía científica, ambos me dijeron que los ladrones habrían tardado unos dos minutos en forzarme la puerta  y ambos coincidieron también al darme una solución: el cerrojo marca FAG.
Se trata de un cerrojo que se ancla a la puerta y a la pared, el típico cerrojo de toda la vida.
Según el policía, este cerrojo no es, para nada, inquebrantable. Si tardaron a forzarme la puerta dos minutos, con este suplemento de seguridad, tardarían una media hora, y además harían más ruido.
Y, es que, esta es la principal virtud, del cerrojo; es un elemento disuasorio. Si los ladrones lo ven, como van a hacer un atraco “express”, no les compensa emplear ese tiempo y ese ruido en intentar abrir la puerta, e irán a otra que no lo tenga, digamos que pasamos la patata caliente.
Es aquí, donde nos podemos identificar con el cerrojo FAG. Hay tantos ámbitos de nuestra vida, tantas personas, tantos aspectos de nuestra sociedad, donde se valoran las cosas, no por lo que son en sí, sino por lo que representan   y por lo que llegan a diferenciarnos y a hacernos creer mejores y menos vulnerables que los demás.
Tenemos un coche FAG que representa status, tenemos ropa FAG que nos hace parecer más guapos que la persona de al lado, tenemos convicciones FAG que nos autoengañan para sentirnos menos vulnerables….
En definitiva, somos una sociedad FAG,  una sociedad del “aparentar  y comparar” frente a lo que debería ser una sociedad del “ser y valorar “

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